El proyecto parte de una base material sobria y refinada, donde se privilegia la naturalidad de las texturas y la continuidad visual entre espacios.
El piso principal es de mármol Arabescato en acabado pulido, cuyas vetas grises sobre fondo blanco aportan luminosidad, sofisticación y un carácter atemporal. En muros y plafones se utilizó madera de roble claro con acabado mate, aplicada en paneles corridos y celosías lineales que otorgan ritmo, calidez y un lenguaje contemporáneo.
Los toques en el mobiliario se revisten en travertino nacional, extendiéndose como elementos funcionales que integran iluminación indirecta, generando profundidad y acento escultórico al espacio.
Esta piedra también se retoma en el cabecero de la recámara principal, unificando el lenguaje material del proyecto.
El mobiliario fue seleccionado bajo una curaduría precisa de líneas puras, formas suaves y tonalidades neutras. El comedor está compuesto por una mesa de piedra tecnológica y base metálica. En la sala, los sofás modulares de gran escala y textura crean un núcleo acogedor y dinámico, acompañado de mesas auxiliares en madera sólida y cerámica artesanal.
En las recámaras destacan las cabeceras integrales con iluminación indirecta, buros curvos y mobiliario a medida.
La paleta textil incorpora lino, algodón y lana en tonos arena, tierra y grises cálidos, con cojines y cobijas que suman capas de confort visual y táctil.
En el proceso de diseño se buscó la colaboración con marcas y artistas mexicanos, cuyas piezas aportan autenticidad y un carácter único al proyecto. Cada elemento fue elegido para establecer un diálogo armónico entre materialidad, proporción y atmósfera, enriqueciendo así la experiencia sensorial del espacio.